Recién llegada a la residencia artística donde pasaré los próximos tres meses, empiezo a asimilar el lugar en el que voy a trabajar: un espacio con historia, carácter y una energía creativa.
La Fábrica de Porcelana Vista Alegre nació en 1824, cuando José Ferreira Pinto Basto decidió montar en Ílhavo la primera gran fábrica de porcelana de Portugal. Con el tiempo, aquello dejó de ser solo una fábrica y se convirtió casi en un pequeño pueblo industrial, con escuela, capilla y toda una comunidad alrededor. En 1829 recibió el título de Real Fábrica, y desde entonces Vista Alegre ha ido mezclando tradición artesanal con innovación, manteniéndose como una de las marcas portuguesas más queridas y reconocidas dentro y fuera del país.
Mis dos compañeros de residencia y yo estamos ahora en plena fase de descubrimiento: recorriendo la fábrica, observando cada etapa del proceso, desde los primeros bocetos de diseño hasta la pieza terminada. La organización, la escala y la precisión de todo el sistema son realmente impresionantes. Estoy muy contenta y tengo la sensación de que esta experiencia me va a enseñar muchísimo.









