Me llamo Laura Molina, soy licenciada en Bellas Artes y fotógrafa especializada en arquitectura. Mi conexión con la joyería viene de mi adolescencia, me gustaba hacer mis pendientes y anillos. Un poco más tarde cuando vivía en Paris recuerdo especialmente una exposición dedicada a René Lalique que me dejó completamente fascinada. Fue un momento revelador y ahí es cuando vi que mi corazón se aceleraba ante esas piezas increibles. Desde entonces, soy una apasionada seguidora del Art Nouveau, estilo que sigue inspirando mi universo creativo.
Para profundizar en esta disciplina, me formé en Mallorca con un Ciclo Superior en Joyería Artística. Desde entonces, compagino ambas facetas —la fotografía arquitectónica y la creación de joyas— como dos lenguajes complementarios que dialogan con el espacio, la forma y la emoción.
Siempre he sentido que las joyas están profundamente ligadas a la mirada y las emociones. Me fascina su poder como talismanes cargados de simbolismo. Cada pieza que creo me gusta que tenga una historia única, capturando momentos que perduran en el tiempo. Es esa magia, ese significado íntimo, lo que me inspira y me empuja a seguir creando.
Después de años trabajando en fotografía digital, reencontrarme con el trabajo manual ha sido revelador. Explorar cada técnica, tocar los materiales, moldear con las manos… todo forma parte de una experiencia sensorial plena. Me conecta de nuevo con lo tangible y lo real. En ese proceso redescubro el valor de lo hecho a mano, la autenticidad y la belleza que sólo lo artesanal puede transmitir.
Mi proyecto de artesanía nace del deseo de encarnar lo que no se ve: lo imperfecto, lo erosionado, lo que guarda huellas.
Lo mágico no es ilusión, sino lenguaje. Es aquello que no necesita explicación para ser comprendido. No busco respuestas, sino atmósferas. Intento escapar de la lógica y crear desde la emoción, la contemplación sensorial y la intuición estética.
